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さて、どちらへ行かう風がふく

bien... ¿a dónde ir...?
...el viento
sopla...


12 julio 2017

cuando no hablo con nadie




Con quién hablo cuando no hablo con nadie. Aquí, ahora. “Qué hormiga tan gorda”. Como a un niño. Como a un gato que te mira. Quizá. 

Siento la milenrama en mi espalda mientras me apoyo contra la roca del cantil. Me roza un poco en el brazo mientras escribo. Nada.

Quizá lo que pasa es que hablo con Ella sin darme cuenta. Quizá con quien habla Ella cuando no habla con nadie. 

No sé, pero es agradable. Natural. Ese natural, sencillo, de las cosas que suceden sin malicia y sin temor. Sin objeto ni pretensiones. Como el sirimiri que empieza a caer sin más, en su  momento. O una pagaza que vuela y no hace nada para seguir volando. O las hormigas, gordas o no, que en su caminar diminuto no distinguen la roca del acantilado de mis pies descalzos.

“Uf, qué calor…” Cuando se apartan las nubes sí que lo hace sí. “Chicharra”.

Es relajante este hablar como las olas. En un ir venir calmo que lo refleja todo. El tranquilo ritmo de un mar en calma, una respiración de alguien sentado en el borde la tierra. Al sol.

Quién dice, quién escucha. Murmullo del agua que conversa consigo misma.








俳句 espirales






rumor del oleaje...
espirales de un milano
sobre el encinar






19 mayo 2017

Luna en el río



Qué puñado de buenos amigos en este libro. Qué buenos recuerdos y sentimientos formar parte de él.
Gracias amigos míos.



08 mayo 2017

俳句 1/2 ¿llovizna?


















¿llovizna?
un abejorro tantea
el envés de las hojas



 bajo las hojas de trébol
vuelve a sestear el abejorro 
llovizna
 

28 abril 2017

katatsumuri




Llovizna, cada vez con más intensidad, el caracol no se decide a asomar los cuernecillos.

No me importaría estar aquí horas esperando pacientemente a que este caracol, qué grande es, asome su cuerpo. Aquí en el acantilado, sobre el mar grisáceo.

Esperando noticias de Ekaitz, pachuchillo otra vez. Parece que nada grave pero pero…. Ay Ekaitz... Me gustaría contarte todas estas cosas, pero bien. En bonito.

Contarte este mundo tan bello en el que quisiera estar siempre. Ese que tú haces nuevo con tus ojos nuevos. Bajo la suave lluvia, en un acantilado, esperando a que un caracol muy gordo asome sus ojos como bastones. ¿Cómo se decía caracol en japonés? Ay ay... sonaba como a juguete.

Quería contarte y se me olvidan las palabras. Las palabras hermosas. Contar sin palabras. Contar solo a través de mis ojos. De mi piel.

Porque aquí estás, en mí. En la llovizna que cae sobre la hierba y la piedra, y el mar. Sobre el caracol de nombre sin nombre que reposa en silencio.


Cómo los ratoncillos dejaron sus huellas diminutas sobre la arena, junto a las de pájaros desconocido. En la noche, en la mañana temprana. Cómo la torcaz vuela así como a impulsos, aletea y se deja caer suavemente en el aire, y aletea de nuevo, trazando una curva sobre el mar antes de posarse en el viejo eucalipto.

De cómo las vacas blancas y negras, echadas sobe la hierba, me siguen con la mirada sin dejar de rumiar, muy serias. Y detrás de mí el mar.

Comienza una llovizna que apenas se siente y un abejorro, que parecía dormitar, se mueve muy despacio hasta el envés de la hoja.


Mírame ahora. Mírame ahora y hazme nuevo entre la lluvia. Abandonado al aire fresco de esta mañana echada junto al mar. Hablando sin darme cuenta con todo esto que vive a mi alrededor. ¿Conmigo mismo? ¿Contigo?
Mira todo esto que nos llama a lo que somos. Sin palabras, sin prisa. Entre las hojas que escurren lluvia sobre otras hojas. Frente al horizonte que se difumina en el mar y la lluvia.

Siguiendo con la mirada el vuelo de los zarapitos. Apartando del sendero caracoles que aman la lluvia, como yo, como tú.